Por Francisco José Francisco Carrera
Incluido en el libro II Mujer esencial.
Todo lo que tengo de mujer
lo he tenido siempre de hombre
y al revés.
¿Y qué importa
mi sexo
si en mis venas
llevo la savia
del universo?
¿Y qué importa si amo
a hombres o a mujeres?
Son sólo cuerpos.
Los cuerpos no son nada más que eso,
cuerpos.
Unos son así,
otros de otra manera,
todos son bellos.
Son forma.
Son materia.
Todos dignos de amor.
Y yo,
mujer total y primera,
amo cada cuerpo por lo que es.
Así,
sin esperar más.
A decir verdad,
he recorrido con mi lengua
millones de cuerpos
desde el principio de los tiempos.
Me quedan por recorrer
muchos millones más.
Y he amado a todos y cada uno
como si fuese el más bello,
y cada uno que he tocado
ha sido para mí el primero.
Pero han sido cuerpos,
diferentes,
parecidos,
callados,
ruidosos,
viejos y jóvenes,
claros y oscuros,
cuerpos,
tan sólo eso,
nada más que cuerpos.
Lo que de verdad buscaba
mientras glorificaba con mis besos
cada centímetro de piel,
lo único que me importaba
no eran los cabellos o los huesos
porque más allá de esa frontera
habitaba lo único que en el fondo
ES.
La esencia pura del amor incierto,
la caricia más cierta del sabor secreto.
Eso.
Nada más.
La mujer total
sabe lo que dice.
Ella misma es Eso.
Y tú,
hombre o mujer,
acaso algo intermedio,
acaso nada parecido,
tú,
sólamente tú
que miras hoy
mi mirada
de Medusa,
tú,
sí tú,
mi amante,
mi cielo,
mi alma misma,
tú también eres
Eso.
Eso que eres
es lo que hace que te ame
independientemente de tu forma.
Tus manos son bellas,
sean como sean,
tus ojos son divinos,
tu sexo más precioso
que todo el oro del mundo,
tus cabellos son el fuego,
tus caderas la tormenta,
tu aliento el mismo viento,
todo tú eres un palacio
que encierra la belleza.
Pero no por esos atributos
eres bello,
seas como seas,
ni por tus manos,
ni por tus ojos,
ni por tu sexo ,
ni por tus cabellos,
ni por tus caderas,
ni siquiera por tu aliento.
Lo que te hace bello
es aquello que no muestras
en tu forma,
aquello que está dentro de ti
desde el principio de los tiempos.
La mujer total
sabe de esa esencia
primordial
pues la lleva destilada
en el silencio
que precede a sus
palabras.
¿Eres capaz
de notar
eso que Es,
eso de lo que te hablo?
¿Eres capaz
de sentir mis labios
en tu cuello,
mi voz
susurrando
un "te quiero"?
Qué más da si tu forma
es de hombre o de mujer.
Qué poco importa eso...
Ven y baila conmigo eternamente,
disfruta de la libertad
que el círculo de fuego
nos concede hoy
pues ya no tenemos miedo.
Ya nada nos es ajeno
y todos los misterios del mundo
están en cada uno de nuestros besos.
Ya nada nos parece feo
y toda la realidad que vemos
nos muestra cuán precioso es el universo.
Déjate llevar por las olas
en la cola de la mujer-pez,
vuela a lomos de la mujer-pájaro,
conviértete en nube y besa a la mujer cielo,
arrastrate por el vientre de la mujer-tierra,
arde con pasión en los brazos de la mujer-fuego,
sumérgete hasta el alma misma de la mujer-agua...
Somos todas la misma,
somos una
y miles más.
Somos lo que quieras que seamos:
la roca, lo noche, la muerte,
la vida, el silencio, el mar,
el sueño, la llama, lo oculto,
el beso, la espiga, el puñal.
Somos la luz y la oscuridad más profunda,
somos el pricipio y el final.
Estamos llamando a tu puerta,
¿acaso no nos dejarás entrar?
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domingo, 18 de abril de 2010
MUJER-PÁJARO
Por Francisco José Francisco Carrera
Incluido en el libro II Mujer esencial.
La mujer-pájaro
lleva la semilla
del perdón
en la mirada.
La mujer-pájaro
muere de amor
cada vez que oye
el aliento del océano.
La mujer-pájaro
lleva en su pico
heridas que sangran
el rocío de la mañana.
La mujer-pájaro
ha sido hombre
en otra vida,
pero no lo recuerda.
Los ojos de la mujer-pájaro
son como fuego líquido,
su boca es un misterio de azul
y su sexo es tan hermoso
como hermoso es el universo.
Pero lo que hace de ella
una maravilla infinita
es el tejido oculto de sus alas.
Las alas de la mujer-pájaro
son las manos de Dios
cuando acarician el cuerpo
desnudo de la Diosa.
Cuando aquello que es Uno
siendo Dos hace el amor
con el amanecer y el polvo
estelar cubre el espacio
infinito llenándolo todo
de vida
y de amor
y de amor a la vida,
a la vida y a la muerte,
pues son la misma.
La mujer-pájaro
ama profundamente
a su hermana-amante,
la mujer-pez,
desde antes de que fueran
ambas concebidas
en la mirada absoluta
de la realidad primera.
La mujer-pájaro
y la mujer-pez
son una y la misma,
pero a la vez
son completamente distintas.
Son un ser de dos caras,
la una alada,
la otra con escamas,
aire y agua mezclados para siempre.
Y se aman tan devotamente
que han empezado a transfigurar
su antigua forma.
La mujer-pez
empieza a desarrollar alas
en su espalda,
la mujer-pájaro
ya muestra
su rostro escamado.
Y yo,
hombre entre los hombres,
mujer entre las mujeres,
ni hombre ni mujer
entre lo que no puede ser
en modo alguno
masculino o femenino,
yo,
simplemente sueño
con estas sirenas de aire y de agua,
sueño que toman mi cuerpo
y lo desgarran,
sueño que me devuelven
mi identidad primera,
antes de tener cuerpo de hombre,
mente de mujer y alma de universo.
Ya soy uno entre sus labios,
como una unidad son,
al fin y al cabo,
la mujer-pájaro y la mujer-pez.
Incluido en el libro II Mujer esencial.
La mujer-pájaro
lleva la semilla
del perdón
en la mirada.
La mujer-pájaro
muere de amor
cada vez que oye
el aliento del océano.
La mujer-pájaro
lleva en su pico
heridas que sangran
el rocío de la mañana.
La mujer-pájaro
ha sido hombre
en otra vida,
pero no lo recuerda.
Los ojos de la mujer-pájaro
son como fuego líquido,
su boca es un misterio de azul
y su sexo es tan hermoso
como hermoso es el universo.
Pero lo que hace de ella
una maravilla infinita
es el tejido oculto de sus alas.
Las alas de la mujer-pájaro
son las manos de Dios
cuando acarician el cuerpo
desnudo de la Diosa.
Cuando aquello que es Uno
siendo Dos hace el amor
con el amanecer y el polvo
estelar cubre el espacio
infinito llenándolo todo
de vida
y de amor
y de amor a la vida,
a la vida y a la muerte,
pues son la misma.
La mujer-pájaro
ama profundamente
a su hermana-amante,
la mujer-pez,
desde antes de que fueran
ambas concebidas
en la mirada absoluta
de la realidad primera.
La mujer-pájaro
y la mujer-pez
son una y la misma,
pero a la vez
son completamente distintas.
Son un ser de dos caras,
la una alada,
la otra con escamas,
aire y agua mezclados para siempre.
Y se aman tan devotamente
que han empezado a transfigurar
su antigua forma.
La mujer-pez
empieza a desarrollar alas
en su espalda,
la mujer-pájaro
ya muestra
su rostro escamado.
Y yo,
hombre entre los hombres,
mujer entre las mujeres,
ni hombre ni mujer
entre lo que no puede ser
en modo alguno
masculino o femenino,
yo,
simplemente sueño
con estas sirenas de aire y de agua,
sueño que toman mi cuerpo
y lo desgarran,
sueño que me devuelven
mi identidad primera,
antes de tener cuerpo de hombre,
mente de mujer y alma de universo.
Ya soy uno entre sus labios,
como una unidad son,
al fin y al cabo,
la mujer-pájaro y la mujer-pez.
viernes, 16 de abril de 2010
MUJER-PEZ
Por Francisco José Francisco Carrera
Incluido en el libro II Mujer esencial.
Mis escamas
tienen cada una
la esencia pura del mar,
la llama sagrada del fuego
del amor,
la arena terrosa
que sustenta las montañas
y el mismo azul
del cielo que está
a punto de estallar
Habito
el océano
del tiempo
y todo lo que
siento
es este
momento.
He recreado
los lenguajes
de los hombres
y las bestias
a través del
silencio abisal.
Con mis distintos
grados de silencio
soy capaz
de escribir
libros enteros
en los que narro
el origen de la vida.
Pero estoy buscando
a la mujer-pájaro
y aquí, en este entierro
de agua salada
no veo forma de encontrarla.
Quisiera sentir sus
pechos emplumandos
palpitando en mis labios
humedos y sedientos.
Quisiera sentir su afilada
boca acariciando mi cuerpo
entero, centímetro a
centímetro.
Por eso cierro los ojos
y rezo a menudo,
más allá de mí
sólo está Dios
y más allá de Dios,
la Nada entera.
Soy verdaderamente feliz
porque sé que la mujer que vuela
será también la que surca
las aguas.
Sé que nos buscamos
porque creemos no estar
juntas,
pero sé también
que ella y yo misma
somos la moneda que sólo
alcanza su valor a través
de sus dos caras,
el niño que ya lleva
en sus juegos al viejo,
la madre que trae a su hijo
con su muerte,
el beso que en su placer
da cabida a la agonía,
somos dos y somos una.
Somos una, sí,
pero también
somos y siempre hemos sido
dos.
Incluido en el libro II Mujer esencial.
Mis escamas
tienen cada una
la esencia pura del mar,
la llama sagrada del fuego
del amor,
la arena terrosa
que sustenta las montañas
y el mismo azul
del cielo que está
a punto de estallar
Habito
el océano
del tiempo
y todo lo que
siento
es este
momento.
He recreado
los lenguajes
de los hombres
y las bestias
a través del
silencio abisal.
Con mis distintos
grados de silencio
soy capaz
de escribir
libros enteros
en los que narro
el origen de la vida.
Pero estoy buscando
a la mujer-pájaro
y aquí, en este entierro
de agua salada
no veo forma de encontrarla.
Quisiera sentir sus
pechos emplumandos
palpitando en mis labios
humedos y sedientos.
Quisiera sentir su afilada
boca acariciando mi cuerpo
entero, centímetro a
centímetro.
Por eso cierro los ojos
y rezo a menudo,
más allá de mí
sólo está Dios
y más allá de Dios,
la Nada entera.
Soy verdaderamente feliz
porque sé que la mujer que vuela
será también la que surca
las aguas.
Sé que nos buscamos
porque creemos no estar
juntas,
pero sé también
que ella y yo misma
somos la moneda que sólo
alcanza su valor a través
de sus dos caras,
el niño que ya lleva
en sus juegos al viejo,
la madre que trae a su hijo
con su muerte,
el beso que en su placer
da cabida a la agonía,
somos dos y somos una.
Somos una, sí,
pero también
somos y siempre hemos sido
dos.
jueves, 15 de abril de 2010
MUJER DE CIELO
Por Francisco José Francisco Carrera
Incluido en el libro Mujer esencial
Hay momentos
en los que recuerdo
la voz
y entonces
dejo
que
la lluvia
escriba
tu
nombre
en mi espalda.
Desde arriba
todo es ligeramente distinto.
Pero yo siempre supe
volar.
El cielo
es mi piel
al amanecer.
Las nubes
son mis senos
en tus manos.
El sol
tu sonrisa
al atardecer.
Los pájaros
son tus besos,
la brisa,
tus caricias.
Te amo tan profundamente
que cada vez me resulta más difícil
saber quién o qué soy yo misma,
quién o qué, tú.
Soy la mujer de cielo,
llama asuta que derrite el hielo,
y en el agua y en la tierra
estoy buscando tus huellas,
querido mío,
y en mis ojos y mi boca
llevaba destilada
tu esencia
incluso antes de probarla.
Tu sabor es mi sabor,
tu silencio, mi palabra.
Incluido en el libro Mujer esencial
Hay momentos
en los que recuerdo
la voz
y entonces
dejo
que
la lluvia
escriba
tu
nombre
en mi espalda.
Desde arriba
todo es ligeramente distinto.
Pero yo siempre supe
volar.
El cielo
es mi piel
al amanecer.
Las nubes
son mis senos
en tus manos.
El sol
tu sonrisa
al atardecer.
Los pájaros
son tus besos,
la brisa,
tus caricias.
Te amo tan profundamente
que cada vez me resulta más difícil
saber quién o qué soy yo misma,
quién o qué, tú.
Soy la mujer de cielo,
llama asuta que derrite el hielo,
y en el agua y en la tierra
estoy buscando tus huellas,
querido mío,
y en mis ojos y mi boca
llevaba destilada
tu esencia
incluso antes de probarla.
Tu sabor es mi sabor,
tu silencio, mi palabra.
miércoles, 14 de abril de 2010
MUJER DE TIERRA
Por Francisco José Francisco Carrera
Incluido en el libro II Mujer esencial.
Hoy
he cedido
por fin.
La verde hierba
ha cubierto mi corazón
astillado.
El dolor
se había vuelto en los últimos tiempos
insoportable.
Cerraba los ojos
y la creación misma
se hundía
en cada centímetro de piel,
no dejaba de sangrar
y las heridas crecían.
Abría los ojos
y sólo tu rostro
entre la bruma
me traía algo de paz.
¿Has probado
a ver las estrellas
cuando no están?
Parece una tontería,
pero funciona.
Lo cierto
es que las estrellas
no están
donde tú crees,
no están en ningún lado,
¿sabes?
Cuando aprendes a verlas
según tu voluntad,
el mundo se vuelve enorme,
bestial,
y dejas de tener una casa,
un nombre,
una identidad.
Te conviertes
en la palabra
Creadora
y das la vida
y la muerte por igual.
Soy la tierra,
el barro fresco,
soy la arena mojada
del mar,
soy la simiente
que se fecunda
a cada instante
y a cada instante
se marchita
sin cesar,
soy la boca del infierno,
paraíso terrenal,
soy el alfa y el omega,
soy el amargo principio
y el dulce final,
tierra a cada instante,
polvo primordial...
Pero ven,
mi dulce amante de fuego y de agua,
ve a mí
en la noche,
como lo haría un ladrón
enamorado,
ven a mí
y yace junto a la madre tierra
que todo lo comprende
porque nunca cuestiona ni critica,
simplemente, está.
Incluido en el libro II Mujer esencial.
Hoy
he cedido
por fin.
La verde hierba
ha cubierto mi corazón
astillado.
El dolor
se había vuelto en los últimos tiempos
insoportable.
Cerraba los ojos
y la creación misma
se hundía
en cada centímetro de piel,
no dejaba de sangrar
y las heridas crecían.
Abría los ojos
y sólo tu rostro
entre la bruma
me traía algo de paz.
¿Has probado
a ver las estrellas
cuando no están?
Parece una tontería,
pero funciona.
Lo cierto
es que las estrellas
no están
donde tú crees,
no están en ningún lado,
¿sabes?
Cuando aprendes a verlas
según tu voluntad,
el mundo se vuelve enorme,
bestial,
y dejas de tener una casa,
un nombre,
una identidad.
Te conviertes
en la palabra
Creadora
y das la vida
y la muerte por igual.
Soy la tierra,
el barro fresco,
soy la arena mojada
del mar,
soy la simiente
que se fecunda
a cada instante
y a cada instante
se marchita
sin cesar,
soy la boca del infierno,
paraíso terrenal,
soy el alfa y el omega,
soy el amargo principio
y el dulce final,
tierra a cada instante,
polvo primordial...
Pero ven,
mi dulce amante de fuego y de agua,
ve a mí
en la noche,
como lo haría un ladrón
enamorado,
ven a mí
y yace junto a la madre tierra
que todo lo comprende
porque nunca cuestiona ni critica,
simplemente, está.
martes, 13 de abril de 2010
MUJER DE FUEGO
Por Francisco José Francisco Carrera
Incluido en el libro II Mujer esencial
...y si todo lo que me quedara hoy, en este minuto, en esta respiración
fuera
el sabor de tu lengua
en la mía,
si todo lo que hoy tuviera
fuera el tacto de tus dedos
en mi piel,
si nada más permaneciera en mi mirada
que tu cuerpo desnudo
que daba vida al frescor de la mañana,
si mi mente hubiera ardido
y consumida estuviera
siendo la ceniza del amor
su nueva forma,
si este fuego que me recorre
se apagara de repente,
nada importaría ya
pues he aprendido a volverme el universo
y la muerte es tan sólo
una suerte de viaje
hacia una tierra de silencios,
nada más,
y yo no sólo soy el fuego,
soy el silencio,
la tristeza,
la esperanza
y mucho más,
pero seguiré ardiendo en tus pupilas,
mi amante de sal y de escarcha,
seguiré a tu lado,
besando tu mismo aliento,
arrancando tu armadura
con mis manos desnudas,
restregando mi alma inerme
contra el abismo de tus labios,
y todo lo que siempre hemos sido,
cariño mío,
es lo que siempre será,
y todo lo que ha sido siempre,
mi vida entera,
es lo que siempre será,
Nada menos,
nada más.
Incluido en el libro II Mujer esencial
...y si todo lo que me quedara hoy, en este minuto, en esta respiración
fuera
el sabor de tu lengua
en la mía,
si todo lo que hoy tuviera
fuera el tacto de tus dedos
en mi piel,
si nada más permaneciera en mi mirada
que tu cuerpo desnudo
que daba vida al frescor de la mañana,
si mi mente hubiera ardido
y consumida estuviera
siendo la ceniza del amor
su nueva forma,
si este fuego que me recorre
se apagara de repente,
nada importaría ya
pues he aprendido a volverme el universo
y la muerte es tan sólo
una suerte de viaje
hacia una tierra de silencios,
nada más,
y yo no sólo soy el fuego,
soy el silencio,
la tristeza,
la esperanza
y mucho más,
pero seguiré ardiendo en tus pupilas,
mi amante de sal y de escarcha,
seguiré a tu lado,
besando tu mismo aliento,
arrancando tu armadura
con mis manos desnudas,
restregando mi alma inerme
contra el abismo de tus labios,
y todo lo que siempre hemos sido,
cariño mío,
es lo que siempre será,
y todo lo que ha sido siempre,
mi vida entera,
es lo que siempre será,
Nada menos,
nada más.
lunes, 12 de abril de 2010
MUJER DE AGUA
Por Francisco José Francisco Carrera
Incluido en el libro II Mujer Esencial
Ser mujer de agua
es todo lo que siempre he sido.
Esta voz que está hecha de silencio.
Este sexo que es acero y seda a la vez.
Estos ojos, esta lengua, estas alas.
Soy mujer de agua.
Canto por las noches,
esperando tu llegada.
Siempre he estado enamorada,
siempre desde que yo recuerde.
Cuando era niña,
mi padre me llevó un día al bosque,
me tapó los ojos
y me enseñó a escuchar
los rayos de sol
y a ver el corazón de los árboles,
me enseñó a cambiar de forma
a mi antojo,
me dijo cómo podía volar.
Aquella mañana
me enamoré por primera vez,
mi esencia de agua
besó el entramado mismo
de la creación.
Y así,
esta mujer de agua que soy
supo
que habría de seguir enamorada
hasta el día de su muerte.
También la amaré a ella,
profundamente.
Pero hoy,
sólamente por hoy,
déjame jugar con tu cabello
y hundir mi dorado aliento
en la sima de tu vientre.
Hoy,
mi corazón de corazones,
no soy ni yo, ni tú,
soy el mismo viento
y tú,
amado mío,
el mismo reflejo del agua
que recorre el firmamento.
Incluido en el libro II Mujer Esencial
Ser mujer de agua
es todo lo que siempre he sido.
Esta voz que está hecha de silencio.
Este sexo que es acero y seda a la vez.
Estos ojos, esta lengua, estas alas.
Soy mujer de agua.
Canto por las noches,
esperando tu llegada.
Siempre he estado enamorada,
siempre desde que yo recuerde.
Cuando era niña,
mi padre me llevó un día al bosque,
me tapó los ojos
y me enseñó a escuchar
los rayos de sol
y a ver el corazón de los árboles,
me enseñó a cambiar de forma
a mi antojo,
me dijo cómo podía volar.
Aquella mañana
me enamoré por primera vez,
mi esencia de agua
besó el entramado mismo
de la creación.
Y así,
esta mujer de agua que soy
supo
que habría de seguir enamorada
hasta el día de su muerte.
También la amaré a ella,
profundamente.
Pero hoy,
sólamente por hoy,
déjame jugar con tu cabello
y hundir mi dorado aliento
en la sima de tu vientre.
Hoy,
mi corazón de corazones,
no soy ni yo, ni tú,
soy el mismo viento
y tú,
amado mío,
el mismo reflejo del agua
que recorre el firmamento.
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